Todos disfrutamos del sexo pero, sabemos que debido a la fricción constante, este puede causar irritación y provocar dolor, quemaduras y heridas.

 

¿Porqué ocurre esto?

El único órgano que produce lubricación constante para evitar esto, es la vagina pero, cada mujer produce diversas cantidades, las cuales pueden ser insuficientes, o si practicas sexo anal no existe lubricación alguna.

Una solución popular a estos problemas es el uso de elementos como saliva, vaselina o jabón.

De acuerdo a expertos, la saliva no es recomendable, debido a que “se acaba” y puede contener microorganismos extraños a las partes íntimas de tu pareja.

Otro elemento es la vaselina, que aunque efectiva, puede provocar infecciones debido a su compuesto principal y aumenta las probabilidades de que se rompa el condón.

El jabón es agradable al tacto pero, nuevamente, debido a su composición puede generar resequedad y aumentar las probabilidad de rasgamientos y heridas en la vagina o el ano.

Es por estas situaciones que se han desarrollado diversos tipos de lubricantes sexuales, los cuales se pueden utilizar de diversas maneras, dependiendo su componente base.

  • Base agua: son los más recomendados pues no manchan y se limpian con facilidad, son seguros si se usan con condón y no deben usarse en el agua, ya que se diluyen.
  • Base aceite: pueden manchar la ropa, sábanas y almohadas y, para eliminarlos, hay que utilizar jabón y pueden romper los preservativos de látex; pueden causar infecciones en la mujer debido a que alteran el ph de la delicada piel femenina.
  • Base silicón: tienen un poder lubricante más elevado y son perfectos para esos encuentros acuáticos pues el agua no les afecta, pero pueden ser irritantes; no debe usarse en conjunto con juguetes de silicón, ya que se pueden dañar.

 

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