Entre robos, masacres y codicia, el recorrido de La Dama del Armiño
Cuando decimos la palabra ‘genio’ lo primero que nos viene a la mente son nombres como Einstein, Mozart, Curie, Shakespeare… pero por encima de todos, como el epítome de lo que significa un ser humano brillante, nunca faltará mencionar a Leonardo Da Vinci, el más importante ícono del arte, la ingeniería y la ciencia.
De la obra de Leonardo se ha dicho muchísimo, desde los miles de estudios que existen, hasta el impacto que los grandes robos de arte siguen teniendo en la cultura popular con libros como ‘El código Da Vinci’ o series actuales como ‘Berlín’. Creaciones tan geniales llamarían la atención de criminales de todo el mundo y de todas las épocas. Hoy, hablaremos de la forma en que los amigos de lo ajeno han arrebatado los cuadros del creador de ‘El Hombre de Vitruvio’.
La pintura más célebre del planeta es sin duda es La Mona Lisa. Su manera de sonreír y su mirada impactan a cualquiera, incluso a Vincenzo Peruggia, quien el lunes 21 de agosto de 1911 ingresó (pese a ser ex empleado) al Museo del Louvre vestido con el uniforme de dicha institución, para robarse, sin más, el famosísimo cuadro.
Tras intentar venderla sin éxito, la también llamada Gioconda fue recuperada dos años después con la captura del ladrón, quien no pudo comercializarla, pero, sin quererlo, hizo que la Mona Lisa se volviera famosa en todo el mundo.
Mención aparte merece otro de los cuadros más hermosos de Leonardo, que hoy en día está en boca de todos gracias a la serie ‘Berlín y la Dama del Armiño’, donde el ladrón que formaba parte de la banda de ‘La casa de papel’, pone sus esfuerzos en hurtar una de las cuatro obras femeninas de artista italiano.
Su historia representa un robo opuesto al de la Mona Lisa; pues mientras el de Peruggia fue un asalto nocturno, oculto y clandestino, este ocurrió a la vista de todo el mundo, disfrazado de una maquinaria logística y represora basada en el saqueo ‘oficial’, cuyo responsable fue Adolf Hitler.
EL BOTÍN DE ADOLF
Cuando los nazis invadieron Polonia y otros países durante la Segunda Guerra Mundial, saquearon museos y se apropiaron de valiosas obras de arte. Una de las más cotizadas fue, sin duda, ‘La dama del armiño’, que se encontraba en manos de la familia Czartoryski. Aunque el destino de la pieza era el megamuseo que Hitler planeaba en Alemania, Hans Frank se encaprichó con ella.
Frank era el gobernador general de la Polonia ocupada y abogado personal del Führer; gracias a él, buena parte del ‘marco legal’ del partido nazi fue posible.
Frank, quien autorizó la muerte de millones de seres humanos, era complejo y contradictorio: detrás de su imagen de monstruo insensible estaba un hombre con una amplísima cultura, por lo que tener para sí una obra de Leonardo Da Vinci, colgada en su propia oficina era la felicidad.
No se trató de un robo con violencia común, ni de un plan elaborado de película de atracos. El despojo de ‘La dama del armiño’ fue revestido de legalidad formal, permitido por las leyes de confiscación de uno de los regímenes más crueles del siglo XX.
Con la llegada de los aliados y el fin de la guerra, Hans Frank huyó con el cuadro en su equipaje, pero fue capturado por tropas estadounidenses en Baviera. Aunque intentó suicidarse, sobrevivió para ser juzgado en Núremberg, donde fue sentenciado a muerte el 1 de octubre de 1946.
Los ‘Hombres de los Monumentos’, el equipo de historiadores, militares y académicos que se encargaban de rastrear el patrimonio robado por el Tercer Reich, encontraron ‘La dama del armiño’ en la residencia de campo de Frank. Tras un extenuante recorrido que solo si la mujer del cuadro hablara podríamos conocer a fondo, la pintura fue devuelta a Polonia. Hoy en día, está en el Museo Czartoryski, en Cracovia.
Leonardo dijo una vez que “el que no valora la vida, no la merece”, quizá por eso sus obras, están hoy expuestas de nuevo a la vista de todo el público.



