El hecho criminal más terrible de los últimos días ha sido el de Julio César Jasso, joven de 27 años que subió a lo alto de la Pirámide de la Luna, en Teotihuacán, para disparar a la gente que allí se encontraba, dejando como saldo una mujer de nacionalidad canadiense muerta y 13 personas de diversas nacionalidades lesionadas. Tras ser perseguido por elementos de la Guardia Nacional, se suicidó con su revólver.
La fecha en que ocurrió todo cobra una especial y siniestra relevancia: el 20 de abril, aniversario del nacimiento de Adolf Hitler y en tiempos más recientes, de la Masacre en la escuela de Columbine. El perfil criminológico del criminal no es diferente a muchos otros que han imitado a los tristemente célebres asesinos escolares: misógino, de extrema derecha y de personalidad psicopática.
Lo cierto es que no se trata de un caso aislado. El criminal se puede incluir en lo que se conoce como ‘copycat’, es decir, alguien que quiere imitar crímenes famosos.
Desgraciadamente, Eric Harris y Dylan Klebold, los adolescentes que organizaron la matanza de Columbine, han creado una ‘escuela’ y una serie de fanáticos que los admiran y los siguen, como si su crimen, que dejó como resultado 12 estudiantes y un profesor, además del suicidio de ambos, fuera una hazaña admirable. Desde que ocurrieron aquellos hechos hasta el día de hoy, miles de personas (la mayoría jóvenes solitarios y víctimas de bullying) ven disparar en lugares públicos como una hazaña digna de imitar.
El de Teotihuacán no es el único caso registrado. Ha habido más, y no solamente en Estados Unidos, donde apuntaría la lógica debido a sus políticas respecto a la venta indiscriminada de armas.
Evocamos algunos de los más sonados.
‘PUMPED UP KICKS’
Los Países Bajos son uno de los sitios más seguros del mundo, pero ni siquiera están exentos de esta violencia. Para muestra, está el crimen cometido por el joven de 24 años Tristan van der Vlis, que aunque no ocurrió en una institución educativa sino en un centro comercial, sí se inspiró (y admiraba) a la pareja de asesinos de Columbine.
El ataque ocurrió el 9 de abril de 2011 en al centro comercial Ridderhof en Alphen aan den Rijn, una ciudad cercana a Ámsterdam, donde el joven comenzó a disparar para después suicidarse. El saldo fue 6 personas muertas y 16 heridos.
Tristan era, como se sabría posteriormente, admirador de Eric Harris.
El joven holandés ingresó, como dice el lugar común “armado hasta los dientes” con un rifle semiautomático Smith & Wesson M&P15-22, una pistola Colt M1911 calibre .45 de acero inoxidable y un revólver Taurus Raging Bull .44 Magnum. Sus familiares eran políticos y militares de renombre.
Ahora, vayamos a Brasil, concretamente a Suzano, estado de Sao Paulo el 13 de marzo de 2019 cuando, en la escuela ‘Professor Raul Brasil’, los exalumnos Guilherme Taucci Monteiro y Luiz Henrique de Castro, de 17 y 25 años respectivamente, mataron a 5 jóvenes y a 2 empleadas. El caso fue tan sonado que el entonces presidente Jair Bolsonaro, dio condolencias vía Twitter a los familiares de las víctimas.
Posteriormente, la investigación arrojó información aterradora, pero predecible: los dos asesinos se inspiraron en lo ocurrido en Columbine y participaban en grupos de internet que hacían apología a los tiroteos en lugares públicos y a la violencia… igual que Jasso.
Columbine es y será una mancha de sangre que nunca se quitará de la memoria colectiva.
La canción indie pop ‘Pumped up kicks’ de la banda Foster the people, trata precisamente sobre un adolescente perturbado que decide cometer un tiroteo escolar. Este es uno de los muchos ejemplos en cómo estas masacres han permeado en la cultura popular y en nuestro día a día. Por tanto, no deben ser temas tabú, sino que se tienen que hablar con criterio y desde la perspectiva de la prevención. Evitar esta violencia es responsabilidad de todos.


