Vianey Lozano López eligió su vocación antes de cumplir la mayoría de edad. Desde entonces, convirtió el deseo de servir y cuidar en una decisión firme, no improvisada.
Apenas en noviembre de 2025, Vianey formó parte de un grupo de 55 cuidadores a nivel estatal que se certificaron en la atención y cuidado de personas adultas mayores, validado por el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Guanajuato. Ella obtuvo la calificación más alta.
Cuando le avisaron, pensó que era una broma, no por falta de capacidad, sino porque suele tomarse los reconocimientos con cautela. Llamó a su hermana; ella sí celebró sin reservas. Ese contraste —prudencia de un lado, orgullo del otro— terminó por confirmar algo simple: la disciplina constante también tiene recompensa.
A los 16 años comenzó a trabajar como cuidadora particular en casas. La decisión no fue casual. Su padre, paramédico y cuidador, le compartía historias de servicio y atención. Esas conversaciones marcaron la ruta. Mientras otras opciones rondaban su cabeza —veterinaria, medicina— entendió que quería permanecer en la cadena de la salud. Eligió enfermería y no ha cambiado de opinión.
Sus primeros pasos fueron en cuidados paliativos, pacientes en fase terminal, cambios posturales, higiene y vigilancia constante. “Estar al pendiente” fue su primera escuela. Más tarde, ante la necesidad de cubrir funciones más complejas con una paciente, decidió perfeccionar su formación. Inició la carrera de Enfermería en 2020, en plena pandemia, en Purísima del Rincón; estudiaba y trabajaba al mismo tiempo, terminó la carrera, pero no dejó de cuidar.
Hoy divide sus jornadas en dos escenarios: por la mañana atiende a un paciente particular. Llega, toma signos vitales, administra medicamentos, realiza movilizaciones, acompaña en el baño, comparten el desayuno, salen a dar una vuelta en silla de ruedas y hacen ejercicios de estimulación. No es solo rutina clínica, es presencia.
Por la tarde, entra al CARPI, donde trabaja con pacientes geriátricos y psiquiátricos donde su labor va desde administración de medicamentos, aplicación de insulina, curaciones, movilización hasta el seguimiento de tratamientos. Cada paciente tiene su propio ritmo, su carácter y sus días buenos o difíciles.
La rutina es necesaria, pero no rígida. Cuando el ambiente se tensa, ajusta dinámicas. Cambiar el orden de actividades puede mejorar el ánimo. También sabe poner límites. En el servicio particular, después de tres años, ya existe confianza. A veces esa cercanía se desborda. Entonces marca la línea: cuida, pero también necesita respeto. La profesionalización incluye aprender a decir hasta aquí.
Ha pensado en dejarlo más de una vez, el desgaste físico y emocional es real; sin embargo, los momentos cotidianos pesan más. Un paciente que la espera, alguien que le dice que estaba triste porque no la veía, un “gracias” antes de dormir. No romantiza el trabajo, lo asume con disciplina.
En CARPI cuenta con respaldo médico y psicológico. Además, cursa un diplomado anual en cuidado de personas adultas mayores, impulsado por el Sistema DIF estatal de Guanajuato, para ella, la capacitación constante es clave: “Hay que saber a qué nos enfrentamos y conocer la patología del paciente. No todo es voluntad, también es técnica”.
El Sistema DIF Estatal Guanajuato busca profesionalizar el cuidado de personas adultas mayores y personas con trastornos mentales, pasando de la labor empírica a la certificación de competencias para prevenir el síndrome del cuidador.
A través de capacitaciones como el Diplomado en Longevidad y Vejeces, se han certificado 107 cuidadores en los últimos dos años, abordando el autocuidado como un pilar fundamental.
Si tuviera que comparar su trabajo con otro servicio público, Vianey no duda: se siente más cercana a la función de protección, como un policía que vigila y resguarda, pero en el terreno íntimo de la salud. “Estamos para cuidar y proteger”, resume.
A los jóvenes les habla sin adornos: es una profesión demandante, requiere fortaleza física y mental, espíritu de servicio y claridad vocacional. No basta con el título, hay que querer estar ahí; pero cuando se asume con convicción, la satisfacción es profunda. “Terminas el día tranquilo porque sabes que hiciste lo mejor”.
Vianey Lozano López pertenece a una generación joven que decidió hacerse cargo del cuidado en una sociedad que envejece y enfrenta retos en salud mental. Su historia no es dramática: es constante. Y en tiempos de inmediatez, la constancia también es noticia.


