Sin duda alguna, Charles Manson se ha convertido en la personificación misma de la maldad y lo que simboliza una mala influencia. Pasó a la historia de la criminología, el mundo del espectáculo y la crónica de nota roja no solamente por asesinar a la hermosa actriz Sharon Tate (quien se encontraba embarazada) sino además, por ser el asesino serial que nunca mató a nadie. El jamás blandió un cuchillo ni disparó un gatillo, sino que ordenó a su secta (conocida como ‘La Familia’ y conformada por mujeres y hombres con baja autoestima que veían a Manson como una especie de mesías) asesinar tanto a los amigos de Tate como al matrimonio La Bianca.
Por otro lado, tenemos al hermoso puerto de Acapulco, que durante los años sesenta, setenta y ochenta, se convirtió en el epicentro del glamour y el jet set global. Desde celebridades mexicanas de gran envergadura como Agustín Lara, María Félix, David Reynoso o Luis Miguel, sino internacionales, como Elvis Presley, Sylvester Stallone, John F. Kennedy, Frank Sinatra, Elizabeth Taylor, John Wayne y el millonario e inventor Howard Hughes.
Muchos lo desconocen, pero hubo una conexión entre Acapulco y y Charles Manson, dato que se hizo público gracias al documental ‘Making Manson’, estrenado en 2024.
El propio Manson declaró que decidió cruzar la frontera y viajar a México durante los años sesenta, posiblemente en 1967, tras haber cumplido condena por robo, acciones antisociales que cometía desde muy joven, pues se tiene registro que su primer asalto a mano armada lo cometió a los 13 años.
Una vez en México, decidió viajar a Acapulco, posiblemente atraído por la fama del puerto, y el hecho de que siempre quiso ser un músico famoso, de hecho es un dato conocido que tuvo amistad con Dennis Wilson, baterista de los Beach Boys, pero ocurrió lo que ocurre con muchos psicópatas que optan por el lado oscuro: no tenía talento y era muy inestable.
Manson compuso la canción «Cease to Exist», que la banda grabó y cambió con el título «Never Learn Not to Love». Los músicos decidieron cortar por lo sano al darse cuenta del comportamiento violento y manipulador de Charles.
La declaración textual de Manson en el documental, afirma:
“Mira, hay toda una parte de mi vida que nadie conoce. Viví en México por un tiempo. Fui a Acapulco, robé algunos autos. Me metí en un lío que me superaba. Me metí en un par de asesinatos. Dejé mi Magnum .357 en Ciudad de México y dejé a unos muertos en la playa”.
Los audios que se escuchan en el documental antes mencionados, estuvieron resguardados durante cuarenta años, e implican una importante pieza del rompecabezas para entender el perfil criminológico de Manson.
EN EL MAR
Podemos recrear la visita de Manson a Acapulco, recorriendo Caleta o la Quebrada, y planeando que, a finales de aquella estrafalaria década, cometería una serie de crímenes que cambiarían la percepción de toda la sociedad… pero no son más que especulaciones.
Lo cierto es que hay que tomar las declaraciones de Charles Manson con pies de plomo y suma cautela: él no era un genio de la maldad. No era ni un Hannibal Lecter, ni un Homelander ni un Lex Luthor, aunque la cultura popular nos lo ha hecho querer ver así. Se trataba de un narcisista con una sed de validación enfermiza, un psicópata que sabía leer a la gente con nula autoestima y manipularla. Todo lo que declaró sobre su visita a México bien pudo ser uno de sus muchos inventos y desvaríos. Hasta el cierre de esta edición, no existe una sola evidencia forense del arma que dejó en la playa.
Hay que aclarar que Acapulco, siendo uno de los destinos turísticos más importantes de México, ha hospedado en su puerto a toda clase de gente, sin importar el estrato socioeconómico, o el estado mental. Manson murió en 2017, dejando muchas preguntas sin respuesta que siguen saliendo a la luz, iluminadas por el sol del estado de Guerrero, y de California.


