Como es habitual en esta columna sobre crímenes reales, cada mes de marzo se evocan vidas de mujeres que, desde su trinchera y con su tenacidad e intelecto, han combatido el crimen y salvado vidas. Hay quienes fueron policías, otras criminólogas y otras forenses.
La historia de la estadounidense Mary Grace Quackenbos, popularmente conocida como Grace Humiston, es un ejemplo de empoderamiento, inteligencia y dedicación.
Nacida en 1869, mezcló a lo largo de su vida diferentes actividades, como el Derecho Penal, la investigación y el activismo.
Su habilidad para encontrar personas desaparecidas, basándose en evidencias plausibles y uniendo puntos clave que para un ojo y un cerebro común parecerían inconexos, la hizo merecedora del apodo ‘La señora Sherlock Holmes’ en homenaje al famoso detective creado por Sir Arthur Conan Doyle.
Lo que habla de su talento y valor, pues a mediados y finales del siglo XIX el mundo del derecho y la investigación policial estaba dominado por hombres.
Quizá el caso más famoso de Grace fue resolver la desaparición de una joven llamada Ruth Cruger, de quien no se supo nada desde el 13 de febrero de 1917.
Ante la poca información que había al respecto, la policía cerró el caso, pero esta mujer no iba a dejar que se le diera carpetazo.
El padre de la desaparecida ofreció una recompensa de mil dólares, pero la investigadora aceptó hacerse cargo sin recibir nada a cambio.
Después de adentrarse en el barrio neoyorquino de Harlem, una pista la llevó a otra, encontrándose con un hombre llamado Alfredo Cocchi, quien tenía el cadáver de Ruth en su sótano. Los hechos sacaron a relucir la ineptitud de la policía, pero además, el machismo imperante a principios del siglo XX.
En su momento, Grace se convirtió en una celebridad, pero con el paso del tiempo quedó en el olvido. Hoy en día es un ejemplo de empoderamiento femenino, pero también de una inteligencia brillante usada para buscar justicia, tal como hubiera hecho el personaje literario homólogo que inspiró el apodo de la detective, quien murió en 1948.
La detective
La ciudad de Chicago, Illinois, es famosa en la cultura popular gracias a Elliot Ness, el investigador que siguió la pista a Al Capone y su banda de criminales. Pero mucho antes de su llegada estaba Alice Clement, quien, al igual que Grace, asemeja a un personaje salido de la mente del guionista de una serie policial.
Clement nació en 1878 y se convirtió en una de las primeras mujeres detectives de su país. Sin importarle que estuviera en un entorno cargado de testosterona, comenzó investigando casos menores, casi cotidianos.
Pero poco a poco fue ascendiendo e inspirando respeto. Con el paso de los años llegó a investigar casos de trata de personas con fines de explotación sexual y operativos encubiertos. Además de un intelecto de primer nivel, sabía jiu jitsu, lo que le fue muy útil atrapando carteristas que plagaban los centros comerciales de Chicago.
Era una mujer de 1.60, pero vestía con gran elegancia, llevaba collares de perlas y siempre sostenía su revólver. Además, fumaba en público, lo que para la época se consideraba escandaloso. Por si lo anterior fuera poco, también fue pionera en pedir el divorcio a su marido. Remitía más a un personaje de Agatha Christie que a una policía de barrio.
Como era de esperarse, la normalizada misoginia de la época le ganó enemigos no solamente dentro del mundo del hampa, sino también entre sus colegas policías y detectives. Algunos la ninguneaban y otros la despreciaban de manera abierta, pero Alice se mantuvo firme.
Entre los casos que resolvió Clement está el de una joven trabajadora sexual, que la policía consideró murió por tifoidea, pero después de que ella tomara el caso, descubrió que en realidad le inyectaron la enfermedad para quedarse con su herencia.
Alice murió en 1926 a los 49 años por complicaciones de diabetes. ‘La señora de Chicago’ es un fascinante cómic sobre su vida.
