Siempre que detienen a un capo o un jefe criminal, surgen miles de comentarios en redes sociales y en charlas improvisadas. De manera inevitable, nunca faltan aquellos que hacen apología del delito (y en el caso más extremo, hasta componen corridos) haciendo ver a estos delincuentes como inteligentes, sagaces, astutos y otros calificativos tan improbables como sobredimensionados.
Es un hecho que la cultura popular (películas, series, cómics y novelas) nos ha forjado la imagen del genio del mal, de la mente maestra brillante con coeficiente intelectual tan alto como un rascacielos, pero la realidad es diferente, pues el éxito de un líder criminal depende de redes, corrupción en las altas esferas, amenazas y violencia sin límite. A veces, se trata más de una cuestión de circunstancias que de intelecto.
Sin embargo, los escritores y directores se han inspirado en malhechores de la vida real. Pero hay que entender que el arte es estética e imaginación, mientras que el crimen son hechos. He aquí algunos ejemplos donde todos han pagado.
Sin duda, el más grande villano de la literatura es el profesor Moriarty, archienemigo del detective Sherlock Holmes. Se trata de un académico universitario de matemáticas que de noche controla todas las redes del bajo mundo en Europa. Este capo de la literatura se inspiró en Adam Worth, estafador y ladrón que extendió su imperio ilícito de Alemania a Londres y a Europa. Fascinado por las obras de arte, fue arrestado y golpeado por sus rivales en prisión. Murió en 1902 y se le apodó “El Napoleón del crimen”, como lo llama Holmes a su enemigo.
Sin duda, el más famoso asesino serial que nos han dado la pantalla y las letras es Hannibal Lecter, culto y brillante psiquiatra y caníbal interpretado por Anthony Hopkins. Al igual que el caso anterior, se inspira en alguien real, que además era mexicano: el Dr. Alfredo Ballí.
En 1959, asesinó a su estudiante de medicina, Jesús Castillo, con una inyección de pentotal sódico, para después cortarle la garganta, desangrarlo, descuartizarlo y dejar sus restos en una caja de cartón. A diferencia de Lecter, quien huye con facilidad de la policía, Ballí fue capturado y llevado al penal de Topo Chico, donde lo entrevistó Thomas Harris cuando era periodista y aún no escribía ‘El silencio de los inocentes’.
ARTE Y HURTO
Los brillantes estrategas criminales como “El Profesor” en La casa de papel o “El Acertijo” en los cómics de Batman, que tienen una cultura amplísima y una habilidad táctica casi sobrehumana, los hay en la vida real… pero menos astutos.
Un ejemplo fue Leonardo Notarbartolo, cabecilla del robo de diamantes en Amberes en 2003, en el que se llevó, junto con su banda, más de 100 millones de dólares.
El ladrón planeó el robo a la perfección, alquilando una oficina en el centro de la ciudad, pero fue capturado cuando la policía encontró bolsas de basura con documentos. Un detalle que ningún genio criminal de las historietas habría pasado por alto.
El estafador francés, carismático y ladrón culto, lo hemos visto en personajes como Arsenio Lupin o Fantomas. En la ficción, roba y estafa mientras se come un baguette y bebe un vino a orillas del río Sena.
El único caso que se le asemeja es el de Victor Lustig, estafador que engañó a empresarios al venderles la Torre Eiffel haciéndoles creer que el gobierno francés la volvería chatarra. Intentó huir a Estados Unidos, pero finalmente fue capturado y encerrado en Alcatraz, donde murió en 1947.
Un tema es la logística del crimen, y otra la ficción.
Aunque es un hecho que en la vida real no hay genios criminales de semejante envergadura, sí hay personas de una maldad inmensa.
O como dice el escritor Stephen King en su trilogía donde aparecen los inteligentes criminales Brady Hartsfield y Morris Bellamy: “Hay pozos en Islandia tan oscuros que puedes arrojar una piedra sin oír el chapoteo. Algunas almas humanas son así.”