El pasado domingo 22 de febrero era un día normal, todas las personas en las actividades cotidianas del domingo, algunas trabajando y otras en casa; en mi caso, inicié mi día con a las 8:00, acudí a nadar, en los trayectos de camino a mi casa de ida y regreso, nada fuera de lo normal, quienes hacían actividad física, los puestos de guisados y menudo ya listos, con algunas familias y los que iban de prisa pues ya estaba por iniciar la misa dominical.

De pronto, 9:51 de la mañana, llega un primer mensaje a un grupo de WhatsApp, “están prendiendo los negocios”… a lo que siguió dudas, incredulidad y desconcierto; sí, empezó el terror.

Sirenas de unidades de emergencia por las calles y patrullas recorrían la ciudad, el motivo, los incendios a varias tiendas de conveniencia y un automóvil en llamas en la ciudad y alrededores, en un abrir y cerrar de ojos un domingo cualquiera ya no era el mismo, las noticias se abarrotaron de notas similares por los disturbios ocasionados se presume por grupos delincuenciales en varias ciudades del país.

Imágenes dantescas de incendios y bloqueos; lo primero, saber dónde está la familia y preguntar, ¿Qué está sucediendo?

Empezó a generarse la información oficial, y se habló de un operativo para la captura de uno de los jefes de un importante grupo criminal y como reacción, las células de la organización estaban sembrando el terror en las familias de país.

Ante estos hechos violentos, se generaron vacíos que no deben darse y que son reprochables, aún, cuando se diga que a todos, incluidas a las autoridades, nos tomaron por sorpresa.

La reacción de quien debe vigilar la seguridad del municipio y tener un adecuado manejo de crisis frente a estos lamentables sucesos, entró en un impasse que no terminó,  un aviso en la página del municipio, que comparte un mensaje escueto del alcalde; otro par de publicaciones señalando no hacer caso de rumores y atender la información oficial y para avisar que se “prevén afectaciones al transporte público”, fue todo lo que se originó como información a la población que empezaba a entrar en pánico.

Sí pánico, ese miedo intenso, colectivo y contagioso, derivado de ver a policías entrar al mercado municipal, con las armas en la mano, pidiendo se desaloje el lugar, escuchar a las unidades de la secretaria de seguridad ciudadana usar sus altavoces para pedir a los comercios en la vía pública se retiren y a los establecidos, cerrar sus cortinas, y a la ciudadanía no salir de sus casas.

Lo que contrastó con la actuación de las autoridades de otros municipios.

Mientras otras alcaldesas como la de Silao, Guanajuato y León informaron de las acciones a seguir en el transcurso del día, con cortes periódicos de información; hacia el término del día, al igual que la Gobernadora, dieron un recuento de afectaciones y de la intervención que habían tenido.

Y así, con miedo, fuimos saliendo de nuestras casas, con la información que se generaba de los propios vecinos y familiares, de poco ver que no había disturbios y ante la necesidad de trabajar y realizar nuestras actividades cotidianas.

Aquí en nuestro municipio, para variar no hubo una comunicación institucional, con información precisa de ese tipo, generando más incertidumbre, guardar silencio en estos casos no es opción.

Se debe tener la capacidad de reacción y no de improvisación, porque anticiparse a estos hechos teniendo estrategias es necesario. El miedo nos invadió y los vacíos de la autoridad se hicieron presentes.

¿Usted qué opina?

Excelente día