En la novela gráfica ‘Did you hear what Eddie Gein done?’ sobre la vida del asesino en serie Edward Theodore Gein, del destacado escritor y académico experto en crímenes reales, Harold Schechter, se recrea el momento en que los forenses, la policía y la sociedad civil descubrieron los horrores que tenía en su casa este criminal: máscaras y muebles tapizados con piel humana, y un ambiente tan insalubre que solamente de verlo transmitía asco. Al respecto, el autor lo define:
“La policía empezó a registrar el resto de la casa. Jamás habrían podido imaginar que el registro se convertiría en una excavación de pesadilla. En una arqueología del infierno”.
Aunque los hechos anteriormente citados ocurrieron en la década de los cincuenta, hoy en día están más vigentes que nunca, pues a inicios de octubre saldrá al aire la serie sobre este asesino serial. Casi a la par, este jueves 11 de septiembre se estrenó ‘Las Muertas’ miniserie del director Luis Estrada que se basa en el caso de Las Poquianchis.
Como si se tratase de la ‘temible simetría’ a la que hace alusión el poeta William Blake, en esos y otros casos ha habido ejemplos de lo que es una arqueología del infierno. Todos tienen sus versiones televisivas y cinematográficas que recordaremos esta semana.
Primero, viajemos al pequeño pueblo de Plainfield, en Wisconsin durante 1957. Un lugar donde el crimen era prácticamente inexistente, pues el último hecho delictivo había ocurrido en 1853, hacía casi un siglo. El 17 de noviembre desapareció la encargada de la ferretería local, Bernice Worden.
El responsable más evidente era Ed Gein, quien en apariencia era un hombre tranquilo y para muchos, incluso algo torpe. En cuanto la policía llegó a su granja, encontró el cadáver de la mujer colgado, con unos ganchos en las orejas.
Gein fue detenido, pues se descubrió que había asesinado a otra víctima: una adulta mayor llamada Mary Hogan. Como si todo esto no fuera lo bastante aterrador, se colaba a los cementerios a desenterrar cadáveres, a los que destripaba y forraba los muebles de su casa, además de hacer lámparas.
No cabe duda que los criminalistas y forenses a cargo del caso, Alan Wilimovsky Russell Darby, pusieron a prueba su estómago y sobre todo, su cordura, volviéndose ‘arqueólogos del infierno’.
LAS MUERTAS
El 25 de enero de 1964 en México, casi una década de lo ocurrido en Wisconsin, Estados Unidos, ocurrió otro caso de esta diabólica arqueología, concretamente a lo que hoy en día es La Loma, cerca de la comunidad de El Tecolote, en Purísima del Rincón.
Tras recibir una denuncia de Catalina Ortega, que había logrado escapar del cautiverio en el que la tenían las hermanas González Valenzuela. Después de detenerlas y llevarlas a la cárcel de San Francisco del Rincón (donde hoy en día se ubica el Museo de la Ciudad) la policía liberó a las otras muchachas que eran víctimas de trata de personas con fines de explotación sexual… todo era infame, pero el horror apenas empezaba.
En cuanto comenzaron a excavar en los terrenos de donde estaba la propiedad, encontraron cadáveres de mujeres y de niños, pues cuando las lenonas no podían seguir explotando a las mujeres, las mataban, junto con los niños que dieran a luz. Tal como señala el valioso texto del historiador Jesús Zamora, titulado ‘Breve historia de unas mujeres llamadas las Poquianchis’:
“Los médicos Óscar Ramírez y Pascual Aceves Barajas envío algunas piezas óseas para su examen, certificaron que entre ellas se encontraban piezas de niños menores de un año y de persona adulta; los huesos pertenecían a cadáveres sepultados hacía más de cuatro años”.
Tanto Ed Gein como Delfina González Valenzuela, la llamada ‘Poquianchi mayor’ murieron tras las rejas, pero nadie olvida sus acciones, que hoy en día siguen inspirando medios audiovisuales. Así es la llamada ‘arqueología del infierno’.