Florencia es una de las ciudades más bellas del planeta. La hacen única sus calles, su historia y su inmensa cultura, su gastronomía… pero también, por haber sido el lugar donde, de las décadas de 1960 a 1980, acechó uno de los asesinos seriales más despiadados y siniestros de Italia. Fue conocido como El monstruo de Florencia.
Asesinó a sangre fría a 8 parejas y hasta el día de hoy, no se conoce su identidad, convirtiéndose en un caso similar al del Asesino del Zodiaco o Jack el Destripador. El tema volverá a estar vigente cuando, el próximo 22 de este mes, se estrene otra serie al respecto.
El 21 de agosto de 1968, Antonio Lo Bianca y Barbara Lucci, una pareja de enamorados, se fue en su coche a un tramo desolado en la carretera para tener unos momentos de intimidad. En el asiento trasero se encontraba el hijo de ella, Nalino Mele. De súbito, llegó un hombre a dispararles a quemarropa. En la oscuridad, el niño de 6 años pudo escapar y pedir ayuda.
Debido a que eran amantes, la policía culpó a Stefano, el esposo. El hombre estaría preso mientras el verdadero asesino seguiría matando. Cada vez había más víctimas y todas con el mismo modus operandi: atacaba a parejas que buscaban un rato de afecto en su coche, alejadas de la zona urbana, por lo general los domingos y cuando no había luna llena. Siempre usaba una Beretta Calibre .22 y después de matar a ambos, mutilaba el cuerpo de la mujer.
La policía no daba con el asesino y con el paso de los años los florentinos vivieron aterrados.
Uno de los asesinatos más frustrantes para la justicia fue el de Paolo Mainardi, de 22 años, y Antoiela Migliorni. Tras dispararles, el novio quedó agonizando, y justo antes de rendir declaración sobre la imagen del asesino murió camino al hospital. Pocas personas lo habían visto y suministraron información para un retrato hablado, que es la única imagen que se tiene hasta el día de hoy.
Entonces, el caso llegó a los medios. Fue el periodista Mario Spezi el más persistente en investigar los hechos. Fue él quien le puso el apodo de ‘El monstrio de Florencia’. Sabía detalles, horas, informes, todo. Tan obsesionado estuvo con el caso que sus colegas, con el sentido del humor propio del gremio periodístico, le apodaron ‘El monstruólogo’. Con el paso del tiempo escribiría, junto con el autor estadounidense Douglas Preston, el mejor libro del tema, titulado ‘Dolci colline di sangue’.
Entretanto, el Monstruo seguía matando. Otra de sus víctimas fueron la pareja gay alemana que viajaba de vacaciones, Wilheim Meyer y Jens Uwe Rusch. Hasta el día de hoy no se sabe si en la oscuridad, el asesino creyó que eran heterosexuales, o que era tan perverso que no buscaba un perfil en particular.
LAS HIPÓTESIS
La madrugada del 8 de septiembre de 1985, la gente de Florencia prefería no salir de sus casas. Sin embargo, la pareja francesa conformada por Jean Michel Kraveichvili de 25 años y Nadine Mauriot de 36, acamparon en el bosque de San Casciano en Val di Pesa, sin estar informados de lo que ocurría. Fue cuando el Monstruo los asesinó, para mutilar parte del seno de la mujer y mandar un mensaje anónimo a la fiscal, Silvia Della Mónica, donde señalaba a los policías como unos ineptos y los retaba a atraparlo. Después de eso, nunca se supo más del monstruo.
La fiscal, por su parte, dejó su cargo, mientras que el periodista Spezi siguió con sus investigaciones, convirtiéndose en el mayor experto del tema, hasta el día de su muerte, el 9 de septiembre de 2016.
Durante los casi 20 años que operó el Monstruo de Florencia, hubo más de mil sospechosos, pero nunca se pudo dar con el asesino. Fueron años de una caza de brujas y una psicosis colectiva en una de las urbes más hermosas y cultas del planeta.
Spezi escribió en su libro una frase sin respuesta: “La pregunta que más me hacen es ésta: ¿Se encontrará alguna vez al Monstruo de Florencia?”