Durante la década de 1990 y a inicios de la década de los 2000, existió en España un atracador de bancos que dejaba desconcertadas a las fuerzas de seguridad. Debido a que actuaba sin cómplices, se le conoció como El Solitario. Ese fue su alias. Esta, su historia.

A lo largo de 14 años  llevó a cabo 36 atracos a lo largo de 21 provincias. Ingresaba disfrazado a las instituciones financieras, amenazaba a los empleados y sin más, salía con el botín.

Su modus operandi era complejo: usaba armas que no se podían rastrear, y se ponía barbas postizas. Portaba un chaleco antibalas que le servía en caso de un disparo, pero también, lo hacía ver más obeso, lo que despistaba a la policía. En ocasiones, se hacía pasar por un adulto mayor y llevaba un bastón de metal, lo que le permitía pasar su arma por el detector de metales. Ya fuera por empatía o compasión, los guardias no lo revisaban.

Solía atacar los días jueves o viernes en la mañana, pues era cuando los bancos tenían más dinero. No usaba guantes, porque sabía que llamaría la atención de los guardias y policías, pero en vez de ello, se ponía en los dedos tiras de celofán. De esta forma, nunca dejaba huellas dactilares. Cuando terminaba un atraco, se despedía del personal bancario y la clientela con total cortesía, con frases como “Que pasen un buen día” o “Señoras y señores, ha sido un placer”. En ocasiones, llegaba a robar hasta 20 mil euros.

Su primer atraco había ocurrido el 2 de mayo de 1994, cuando se llevó del Banco Exterior de España ubicado en Viveiro la entonces considerable cantidad de 5,800,000 pesetas. Sin duda, la policía estaba ante un gran reto. Parecía un criminal más propio de una película que de la vida real.

EL DOBLE HOMICIDIO

En junio de 2004 ocurrió un hecho terrible en la historia española, cuando fueron asesinados, en el cumplimiento de su deber, los oficiales de la Guardia Civil Juan Antonio Palmero, de 29 años, y José Antonio Vidal, de 31. Iban en plena carretera, conduciendo, cuando alguien les disparó con evidente saña.

En un principio, se creyó que los responsables podían ser miembros del grupo terrorista ETA, que estaba muy activo en aquellos años. Lo cierto es que la Guardia Civil estaba furiosa. Habían asesinado a dos de sus compañeros, y no iban a dejar las cosas así. Las investigaciones fueron avanzando y la trama de este caso real dio un giro inesperado, el asesino era: El Solitario.

El criminal respondía al nombre de Jaime Giménez Arbe. Compraba pistolas de segunda mano y valiéndose de libros y manuales, las hacía funcionar con otras refacciones. Ese era el motivo por el cual las armas no eran rastreables. No había tomado cursos de ingeniería, sino que aprendía todo de forma autodidacta.

Tras un operativo extenuante, las autoridades españolas supieron que El Solitario se encontraba en Portugal, concretamente en Figueira de Foz. La colaboración entre policías de ambas naciones comenzó a avanzar, descubriendo que tenía pensado perpetrar otro atraco bancario en una nueva nación. Así, el 23 de julio del 2007 fue detenido y extraditado a España.

Amante de los reflectores y con un ego enorme, en cuanto fue presentado ante los medios exclamó: “Hola a todos, soy El Solitario. ¡Salud españoles!”.

En el juicio, Giménez Arbe decía que no era un simple atracador, sino un “expropiador de bancos” que hacía un bien al mundo afectando a instituciones financieras que él detestaba… obviamente, el juez no tomó en cuenta sus argumentos, y lo condenó a 47 años de prisión. Si tiene suerte, saldrá libre en 2032.

La historia de El Solitario ha dado varios documentales, una serie dirigida por el experto en true crime Carles Porta, la autobiografía del criminal, titulada ‘Me llaman El Solitario’ e incluso un cómic creado por Lorenzo Silva y Manuel Marlasca.

Sin duda, toda una historia real que parece la más inaudita ficción.